La economía circular del papel

La economía circular del papel constituye un ejemplo paradigmático de generación y producción de objetos a partir de los residuos de otros.

En el mundo del packaging, los principios sostenibles de reducción, reutilización y reciclaje se aplican a través de la compostabilidad y la biodegradación, dos de los pilares básicos a la hora de fabricar productos monouso.

El papel se genera a partir de plantaciones específicas dedicadas a producir madera de manera cíclica y continua. Estas plantaciones de sirven para extraer fibras de la pulpa que, una vez tratadas, aportan el papel a partir del cual se crean infinidad productos distintos como revistas, periódicos, libros y envases o packaging. De este modo se generan también otros materiales derivados como el cartón o el papel kraft.

En el terreno del packaging ecológico, papel y cartón son los reyes. Junto a las maderas naturales, son los productos con una mayor capacidad compostable, y por lo tanto, son los materiales que no generan residuos más allá de los que se puedan dar en su producción.

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El papel y el cartón pero, completan de una manera más rápida la rotación de la economía circular, y permiten un proceso de reciclado eficaz a partir de la separación y limpieza de sus fibras. A partir del proceso de recuperación del producto natural, posteriormente se vuelve a fabricar, generando producto a partir del residuo.

La importancia del reciclaje recae en el beneficio que aporta el hecho de no generar excedentes residuales a partir de la reproducción de materiales desechados. Cada vez que tiras una bolsa de papel al contenedor azul contribuyes a que se reduzcan los residuos y se pueda volver a dar un empleo a eso que ya, aparentemente, no lo tiene.

La industria del packaging pretende entrar en un bucle paradójico: generar un ciclo de vida útil eterno a partir de envases de un solo uso, reduciendo al máximo el impacto medioambiental que supone el consumo de los mismos.